Visite: 338
postdiANAIM/in categoriaEventi ANAIM/tagattività anaim, decima mas, eventi, incursori marina, seconda guerra mondiale






“Sufficit Animus”
Chi ci segue ricorderà che lo scorso 3 luglio 2024 abbiamo ricevuto la gradita visita dello scrittore e storico Linense Alfonso Escuadra e della sua splendida famiglia. (leggi qui se lo hai perso)
Il figlio Alfonso Escuadra Junior di 16 anni, ha voluto onorarci con il racconto dell’esperienza vissuta in Italia, attraverso i suoi occhi di adolescente.
Riportiamo di seguito il testo originale in spagnolo e la sua traduzione, non perfetta, per la quale ci scusiamo in anticipo.
Ad Alfonso Junior i nostri ringraziamenti e i più vivi complimenti da parte di A.N.A.I.M.
Gianfranco, Nino, Mauro, Salvatore e Stefano
En un principio, yo no tenía ni la más remota idea del efecto dominó que se desencadenaría en mi, el día en el que mi padre me dijo que leyese un artículo que acababa de escribir sobre un hombre del que, hasta ese momento, desconocía su existencia; un tal Teseo Tesei, que había propuesto un nuevo método para atacar los puertos ingleses del Mediterráneo durante la Segunda Guerra Mundial.
Ciertamente, al principio no logré entender nada. Me parecían sólo una serie de palabras encadenadas sin sentido aparente. Algo nada extraño si se tiene en cuenta el déficit de atención
que sufre la juventud actual. Sin embargo, algo me llevó a seguir leyendo. Poco a poco, me fui sumergiendo en una historia de película, en la que unos jóvenes italianos asumían el papel de Tom Cruise en una especie de Misión imposible, en la que utilizando unos torpedos tripulados, conocidos como los maiali, se lanzaban al ataque de los puertos enemigos.
Conforme continuaba con la lectura de aquellos artículos me fui dando cuenta también de que, detrás de las acciones descritas, había una enorme estructura de apoyo perfectamente coordinada, que llegaría desorientar al mismísimo servicio de Inteligencia británico. Pude constatar así cómo unos pocos italianos habían logrado poner en jaque a la Royal Navy y a sus servicios de Información.
Uno de los episodios que más impacto me causó fue el dedicado a Licio Visintini, a Giovanni Magro y a Salvatore Leone, dándome en sus inicios la impresión de que todo es posible cuando uno despliega el valor de estos incursores y conocer luego su final trágico, cuando el valor queda finalmente aplastado por la dificultad y el infortunio. Esta angustiosa sensación se me quedó grabada para siempre. De hecho, la recordé al llegar a Italia y encontrarme cara a cara con un familiar de Licio Visintini. Mi escaso nivel de Italiano no me impidió entender la conversación entre mi padre y Petro-Luigi Crasti-Visintini y ello a pesar del cansancio provocado por el madrugón del viaje y mi absoluta incapacidad de dormir en un avión.
Recuerdo que Pietro Luigi nos acompañó hasta que subimos a nuestro coche y nos despedimos de él. Yo seguía con ganas de descansar. Pero el cansancio no pudo evitar que me dominara una sensación que ya había empezado a tener desde el mismo momento de subir a aquel avión y que me acompañaría hasta que regresamos a casa. Durante toda mi estancia en Italia sentí que la máquina del tiempo se había puesto en marcha para hacerme vivir un sueño apasionante.
Finalmente, tras una breve estancia turística por Florencia, nos dirigimos a La Spezia, ciudad donde estaba previsto que visitásemos la mayor parte de los lugares relacionados a las acciones de la Xa M.A.S. Una vez allí, mi hermano y yo caímos definitivamente rendidos por el cansancio y la falta de sueño, lo que nos obligó a retrasar nuestro encuentro con nuestros anfitriones italianos hasta el día siguiente. De manera que nos perdimos la cena de la que, en su compañía, nuestros padres disfrutaron en el Círculo de Oficiales de la Marina.
Al día siguiente, ya descansados, nos levantamos con ganas de aprovechar el tiempo. Deseábamos compensar todo lo que no habíamos podido hacer el día anterior. Nuestra primera parada fue el Museo Tecnico Navale de La Spezia; donde a sus puertas, nos encontramos con los que yo llamaría ya nuestros “amigos italianos”. Mi primera impresión es que se trataba de gente
formal, seria y con el mismo interés que mi padre por la Xa M.A.S. Tuve el placer de realizar una visita guiada por el museo técnico naval por cortesía de uno de estos amigos de nombre Stefano, quien parecía conocer tanto sobre las piezas que allí se exponían que llegué a dudar si se trataba del experto-jefe del museo.
En sus salas se encontraban los restos del Olterra, el buque usado como base por los incursores durante las últimas operaciones de ataque a Gibraltar, y también pude ver uno de los contenedores del submarino Scire, empleado para transportarles hasta la Bahía durante las primeras operaciones. Tal vez algunos de nuestros nuevos amigos pensara por mi silencio que estaba aburrido, pero yo disfrutaba de todo lo que estaba viendo como si fuese un niño pequeño en una piscina de bolas e imaginándome todo lo que estaba aún por llegar.
Después del museo, nos dirigimos al Círculo de Oficiales donde mis padres habían cenado la noche anterior. Era un palacete impresionante mandado a construir por Napoleón. En los jardines que lo precedían tuve la oportunidad de ver un estanque con unas tortugas que me llamaron la atención ya que te seguían conforme te desplazabas, seguramente en busca de alimento. Pero el alimento que se repartió fue para mi. Personalmente soy un tanto complicado a la hora de comer, porque no todo me gusta. Pero allí, me decidí a comer lo que me ofrecieran y de esa forma probé la mejor pasta que he comido hasta el momento, seguida de un delicioso pollo en salsa, y de un helado algo más normal de postre. A día de hoy me sigo arrepintiendo de no haber probado la piña que sirvieron como alternativa al helado.
Durante la comida, nuestros amigos italianos comenzaron a sacar su lado más informal, y entonces fue cuando vi en ellos algo que también me llamó la atención. Después de tantos años de servicio como incursores, de tantas experiencias, de tantas historias que contar sobre su carrera militar, me dieron la impresión de ser un divertido grupo de chavales que se reunían a pasar el rato en buena compañía. Me pareció un grupo cariñoso y entrañable, hasta el punto de tener la sensación de que los conocía desde siempre. Fueron unos anfitriones excelentes, haciendo que durante mi estancia en Italia me sintiese como en casa.
Tras la comida nos dirigimos a la sede de ANAIM, donde mi padre presentó su obra Sufficit Animus; obra que yo había leído en su primera versión cuando no eran más que unos artículos de salida semanal. Esta vez hizo la presentación en italiano y a pesar de mis carencias en el uso de ese idioma, pude entender lo que se decía gracias a su similitud con el castellano. Al finalizar, el propio presidente de ANAIM, Gaetano Zirpoli, pronunció unas palabras que no terminé de entender del todo, pero recuerdo que concluyó diciendo “Alfonso, esta es nuestra casa, y aquí serás siempre bienvenido”. Al término del acto me regalaron una gorra de los incursores que no me quité en el resto del viaje.
Después de la visita a la sede de ANAIM, nos dirigimos a la Fortaleza de Varignano, donde tuve el inmenso honor de entrar en una base naval italiana y conocer en persona a un almirante de la Marina Militare. No he dejado de pensar en las vueltas que da la vida y cómo un joven de dieciséis años que comienza leyendo sobre marinos del pasado, termina en la base de los actuales herederos de esos marinos.
Luego recorrimos diversas instalaciones dentro de la misma base, como la sala histórica, la capilla, y un monumento donde se encontraban los nombres de los caídos en combate, entre ellos encontré los de Licio Visintini, Giovanni Magro y Salvatore Leone. El evocador ambiente se iba sobrecargando de significado. Sentía que recorrer aquella base era algo así como pasear por un lugar sagrado, algo parecido a la sensación que tuve días después entre los muros del Vaticano. Recuerdo que uno de los presentes, Mauro, pronunció una frase a la que desde entonces yo recurro cada vez que tengo que darme ánimos: Donde las personas normales ven un problema, el incursor ve siempre una oportunidad. Un mensaje que me recuerda que ante la adversidad Sufficit Animus,
basta el valor. O lo que es lo mismo, que siempre hay una forma de cumplir con tu deber y que la voluntad de hacerlo debe imponerse sobre cualquier cosa que pueda significar una excusa.
Al salir de la base nos dirigimos a un restaurante, donde pudimos disfrutar de una comida al estilo italiano, en un pueblo típicamente italiano. Como ya he dicho, soy muy complicado para comer, y pretendía pedir algún plato parecido a los que acostumbraba a comer en casa. Pero si tengo que ser sincero, aquella tarde no me importaba tanto lo que me pondrían sobre la mesa sino las personas que se sentaban alrededor de la mesa; personas que habían sabido ganarse todo mi afecto y simpatía. Fue un momento mágico, en un enclave de encanto, con acantilados y casas de colores con luces colgando de las fachadas que destacaban sus perfiles.
Aquel jueves 4 de julio, fue un día donde comprobé una y otra vez el cariño y el interés que nuestros anfitriones habían puesto en hacer nuestra estancia en aquella parte de Italia algo inolvidable. Empeño que Nino Zirpoli culminó llevándonos de visita nocturna a Porto Venere; una pequeña localidad cercana a La Spezia que me recordaba mucho a los tradicionales paisajes de costa italiana, similares a los que aparecen en la película Luca de Disney Pixar.
A la mañana siguiente, me sorprendió la puntualidad de Nino cuando en el momento de llamarlo para saber donde nos debíamos encontrarnos, lo ví bajar de un coche que parecía llevar aparcado allí toda la noche. Nos dirigimos nuevamente al Círculo de Oficiales a recoger nuestro coche y posteriormente nos fuimos por carretera en dirección a nuestro próximo destino. En cierto momento, de forma inesperada, nos detuvimos en una curva. Desconocía la razón de aquella parada en un lugar tan peligroso. Pero no tardé en enterarme que el edificio que teníamos frente a nosotros era el puesto de mando de la Xa M.A.S.; un lugar cuya ubicación era desconocida incluso para mi padre desconocía. Me quedé muy impresionado al contemplar el que había sido el centro de control del que partían las ordenes para los héroes de la Bahía, al tiempo lamentaba que la visión de aquel lugar apareciese parcialmente oculta por los árboles y los coches aparcados frente a ella.
Después de un largo recorrido admirando las montañas y su contraste con la llanura cercana a nuestra carretera, llegamos a una zona que me dio la impresión de ser una especie de camping. Entonces me enteré de que habíamos llegado a uno de los lugares más esperados del viaje. Estábamos en Bocca di Serchio. Recuerdo que había sabido por primera vez de su existencia leyendo los artículos de mi padre. Allí era donde los italianos de la Décima eran adiestrados antes de partir a atacar Gibraltar y no recuerdo las veces que había pedido a mis padres que me llevasen a ver ese lugar.
Al plantarme ante la Cassina, solo tenía en mente en su evocadora carga de significado y en el error que comete quien pasa frente a ella y solo ve un edificio abandonado. La Cassina era donde los oficiales y suboficiales italianos de la Xa M.A.S. se alojaban durante su adiestramiento en Bocca di Serchio, un lugar que también percibí como un espacio sagrado por encima de los desperfectos en sus muros y su cubierta. Esta sensación se reafirmó definitivamente cuando nuestros amigos italianos comenzaron a cantar, y aquel lugar adoptó el ambiente de un lugar de culto, lo mismo que cuando en una iglesia se entonan cánticos piadosos durante la eucaristía. Yo sabía perfectamente que estaba participando en un acto íntimo de los incursores veteranos, y la atmósfera me impresionaba de tal manera que no me atreví a pronunciar una sola palabra mientras inmóvil escuchaba aquellas bellas canciones.
Después de eso, nos dirigimos de vuelta a los coches, y durante el camino, otro de los presentes, Salvatore, me dijo que la gorra, que ellos me habían regalado en día anterior, me sentaba como el queso a los macarrones; comentario que me hizo mucha gracia y que interpreté como un cumplido. Pero algo estaba claro, sentía un afecto especial por aquellos veteranos incursores, un grupo verdaderamente excepcional.
Uno de los que más me impresionó fue Gianfranco, una persona de edad respetable al que, por extraño que parezca, yo no podía sino contemplar como si fuese alguien de mi edad, con mucha
vitalidad y con ganas de hacer cosas. Aquello me alegró y me reconfortó bastante. Porque siendo consciente de que el mejor destino de todos es hacernos mayores, no me gustaría pasar por este Mundo con la sensación de haber dejado cosas por hacer. El hecho de contemplar el espíritu joven de Gianfranco me hace albergar la esperanza de que aún a su edad, es posible vivir al máximo.
Nuestra despedida fue muy emotiva. Recuerdo la parada que hicieron para decirnos adios, justo en el desvío que separaba nuestros caminos. Luego ellos iban a tomar la dirección de Viareggio, mientras nosotros conduciríamos hasta Pisa. Pararon el coche y nos saludaron con unos efusivos gestos. Seguro que no se dieron cuenta, pero yo me quedé mirando fijamente su coche sin apartar la vista ni un momento hasta que este se perdió en el horizonte.
Pero al viaje por la Italia de la décima aún le quedaba un último capítulo. En Viareggio nos encontramos con el escritor italiano Gianni Bianchi, al que no pude escuchar demasiado porque, mientras mi padre hablaba con él. Mi hermano, mi madre y yo fuimos a dar una vuelta por el paseo marítimo que por cierto, me recordaba mucho a esos típicos paseos marítimos de los EEUU. Cuando nos reencontramos Gianni nos regaló unas gorras en las que se leía Gruppo Teseo Tesei,una pasada.
Aquel día, el mismo en el que eliminamos a Francia de la Eurocopa, nuestro viaje por la Italia de la décima concluyó con una magnífica cena en la Trattoria Buonamico; el restaurante que frecuentaban los incursores de lis medios de asalto y donde pude disfrutar una vez más de una emotiva tertulia familiar. La siguiente fase del viaje consistía en una visita a Roma, todo lo relacionado a la décima había concluido. Sin embargo, recuerdo que en todas las comidas y las cenas en el Luigi o en el Bernini en Roma e incluso en la cena que tuvimos en España para celebrar lo bien que había salido todo, siempre brindé por la posibilidad de volver a encontrarme de nuevo con estos entrañables amigos italianos.
All’inizio non avevo idea di quale sarebbe stato l’effetto che si sarebbe scatenato su di me, il giorno in cui mio padre mi ha chiesto di leggere un articolo che aveva appena scritto su un uomo di cui, fino a quel momento, non ne conoscevo l’esistenza, un certo Teseo Tesei, il quale aveva inventato un nuovo metodo per attaccare i porti inglesi nel Mediterraneo, durante la Seconda Guerra Mondiale.
Certamente all’inizio non riuscivo a capire niente. Mi sono sembrate solo una serie di parole messe insieme senza alcun significato apparente; cosa non strana se si tiene conto del deficit di attenzione che caratterizza la gioventù di oggi.
Qualcosa però mi ha portato a continuare la lettura. A poco a poco mi sono immerso in una storia cinematografica che raccontava di alcuni giovani italiani nel ruolo di Tom Cruise e in una sorta di Mission Impossible i quali a cavallo di siluri chiamati Maiali, lanciavano attacchi ai porti inglesi.
Mentre continuavo a leggere quegli articoli mi sono anche reso conto che dietro le azioni descritte si nascondeva un’enorme struttura di sostegno perfettamente coordinata dalla Regia Marina con i suoi Servizi Segreti, che ha disorientato lo stesso Servizio di Intelligence Britannico.
Uno degli episodi che più mi ha colpito è stato quello dedicato a Licio Visintini, Giovanni Magro e Salvatore Leone. Inizialmente mi hanno dato l’impressione che tutto fosse possibile quando si ha il coraggio di questi uomini, poi però ho letto della loro tragica fine causata dalle difficoltà e dalle sventure che hanno preso il sopravvento sul loro coraggio.
Questa sensazione angosciante è rimasta impressa dentro di me per sempre. Infatti me ne sono ricordato al mio arrivo in Italia quando mi sono trovato faccia a faccia con un parente di Licio Visintini.
La mia scarsa conoscenza della lingua italiana non mi ha impedito di comprendere la conversazione tra mio padre e Pietro-Luigi Crasti-Visintini e questo nonostante la stanchezza dovuta al viaggio iniziato all’alba quel giorno e dalla mia assoluta incapacità di dormire in aereo.
Ricordo che Pietro Luigi ci ha accompagnati poi fino alla macchina per salutaci. Avrei voluto riposarmi ma la stanchezza non mi ha impedito di vivere un sogno emozionante iniziato nel momento in cui sono salito su quell’aereo e che mi avrebbe accompagnato durante tutto il soggiorno in Italia fino al ritorno a casa.
Dopo un breve soggiorno turistico a Firenze, ci siamo diretti alla città della Spezia dove avevamo programmato di visitare i luoghi legati alle azioni della Xª M.A.S.
Una volta lì, io e mio fratello eravamo così esausti da rimandare l’incontro con i nostri ospiti italiani fino al giorno successivo così ci siamo persi la cena organizzata per i nostri genitori, al Circolo degli Ufficiali della Marina Italiana.
Il giorno dopo ci siamo alzati riposati e desiderosi di sfruttare al meglio la giornata cercando di recuperare il tempo perso il giorno prima.
La nostra prima tappa è stata il Museo Tecnico Navale della Spezia dove all’ingresso troviamo ad attenderci i nostri “amici italiani”. Qui ho avuto subito l’impressione che fossero persone con lo stesso interesse di mio padre per la Xª M.A.S.
Piacevolissima è stata la visita guidata al Museo Tecnico Navale accompagnati da uno di questi amici di nome Stefano che sapeva tutto sui cimeli li esposti tanto che ho pensato fosse il responsabile esperto del museo.
Ho visto i resti dell’Olterra, la nave utilizzata come base segreta di partenza degli Operatori durante le ultime operazioni di attacco a Gibilterra, un cilindro contenitore del sottomarino Scirè, utilizzato per trasportare i maiali nella Baia di Gibilterra durante le prime operazioni.
Forse qualcuno dei nostri nuovi amici italiani ha interpretato il mio silenzio come noia ma io mi stavo godendo tutto affascinato come un bambino in una vasca di palline pensando: chissà cosa vedrò ancora”!
Dopo il museo ci siamo diretti al Circolo Ufficiali per il pranzo dove i miei genitori avevano cenato la sera precedente. E’ un imponente palazzo fatto costruire da Napoleone, nei giardini c’era anche una fontana con alcune tartarughe che si avvicinavano probabilmente in cerca di cibo.
Personalmente sono un po’ difficile quando si tratta di mangiare, perché non mi piace tutto ma lì ho deciso di mangiare quello che mi avrebbero offerto e così ho assaggiato la migliore pasta che abbia mai mangiato, seguita da un delizioso pollo in salsa e un gelato, in alternativa l’ananas che però non ho mangiato e ancora oggi me ne pento.
Durante la cena i nostri amici italiani hanno cominciato a mostrare il loro lato più informale, ed è stato allora che ho visto qualcosa in loro che ha attirato la mia attenzione.
Era un gruppo di veterani Incursori con tanta esperienza e tante storie da raccontare ma si comportavano come un gruppo di amici che si ritrovano insieme per passare una serata in buona compagnia facendoci sentire a nostro agio tanto che ho avuto l’impressione di conoscerli da sempre.
Sono stati dei padroni di casa eccellenti ero in Italia ma sembrava di essere a casa.
Dopo pranzo ci siamo recati alla sede dell’Associazione Incursori dove mio padre ha presentato il suo libro “Sufficit Animus”; lavoro che avevo letto nella sua prima versione quando non erano altro che un insieme di articoli settimanali.
Questa volta lo ha fatto in italiano e nonostante le mie carenze nell’uso di quella lingua, sono riuscito a capire grazie alla grande similitudine con lo spagnolo.
Alla fine il Presidente dell’A.N.A.I.M., Gaetano Zirpoli, ha detto alcune cose che non ho compreso appieno ma ricordo che ha concluso dicendo: “Alfonso, questa è la nostra casa e tu sarai qui sempre qui benvenuto”.
Dop la presentazione mi hanno regalato un cappellino con il logo di ANAIM che non mi sono tolto per il resto del viaggio.
Finito l’incontro alla sede ANAIM, ci siamo diretti alla Fortezza del Varignano, ed è stato per me un privilegio entrare in una base navale italiana e di incontrare di persona un ammiraglio della Marina Militare.
Non ho smesso di pensare ai colpi di scena che la vita comporta e di come un sedicenne come me che ha iniziato un’avventura leggendo di marinai italiani del passato si è conclusa poi nella base dei loro attuali eredi.
All’interno della base abbiamo visto tante cose interessanti come la Sala Storica, la Cappella e un monumento commemorativo con i nomi dei caduti in guerra e li ho trovato quelli di Licio Visintini, Giovanni Magro e Salvatore Leone.
L’atmosfera era suggestiva e pregna di significati avevo la sensazione di camminare in un luogo sacro, la stessa che avrei provato qualche giorno dopo tra le mura del Vaticano.
Ricordo che uno degli amici italiani , Mauro, illustrandoci la Sala Storica pronunciò una frase che da allora ho fatto mia: “Dove la gente normale vede un problema, un incursore vede sempre un’opportunità. Un messaggio per ricordarci che di fronte alle avversità “Sufficit Animus, il valore è sufficiente; oppure che c’è sempre un modo per compiere il proprio dovere e che la volontà di farlo deve prevalere sempre.
Lasciata la base ci siamo recati in un ristorante per gustare una cena in stile italiano, in un borgo tipicamente italiano.
Come ho già detto, sono molto complicato con il mangiare, e avevo intenzione di ordinare un piatto spagnolo ma a dire il vero quella sera non mi importava tanto cosa avrebbero messo in tavola quanto le persone sedute attorno al quel tavolo, persone che avevano saputo conquistare tutta la mia simpatia.
È stato un momento magico, in un’enclave di fascino, un borgo sul mare con case colorate e luci appese alle facciate che ne mettevano in risalto i profili.
Quel giovedì 4 luglio è stato un giorno in cui ho constatato più e più volte che l’affetto e l’interesse che provavo per i nostri ospiti i quali avevano cercato di rendere speciale il nostro soggiorno in quella parte d’Italia, indimenticabile culminando con una visita notturna a Porto Venere un piccolo paese che mi ha ricordato molto i paesaggi che appaiono nel film Luca, della Disney Pixar.
La mattina dopo sono rimasto sorpreso dalla puntualità di Nino quando l’ho chiamato per sapere dove ci saremmo incontrarci, ma lui era già li, l’ho visto scendere dalla sua auto e sembrava avesse passato lì da tutta la notte.
Recuperata, al Circolo degli Ufficiali la nostra macchina li parcheggiata dal nostro arrivo a La Spezia e accompagnati da Nino siamo partiti verso una nuova destinazione.
Prima di prendere l’autostrada, in modo inaspettato, ci siamo fermati appena fuori città e mi sono chiesto come mai questa sosta?. Ma non mi ci è voluto molto per scoprire che l’edificio che era di fronte a noi aveva ospitato il comando del Xª M.A.S.; un posto sconosciuto sia a me ma anche a mio padre.
Sono rimasto molto colpito sapendo che quell’edificio era stato il centro di controllo della Decima Mas, il luogo da dove partivano gli ordini per gli eroi di Gibilterra, allo stesso tempo mi rammaricava il fatto che l’edificio non era ben visibile perchè parzialmente nascosto dagli alberi e dalle auto parcheggiate.
Lungo il breve viaggio ammirammo le montagne e il loro contrasto con la pianura nella quale scorreva l’autostrada e dopo meno di un’ora siamo arrivati in un posto che mi ha dato l’impressione di essere un campeggio in una pineta.
Ho capito subito poi che eravamo arrivati in uno dei luoghi più attesi del viaggio;
eravamo a Bocca di Serchio. Ricordo di aver appreso della sua esistenza per la prima volta leggendo gli articoli di mio padre. Bocca di Serchio era la base segreta dove venivano addestrati i piloti dei maiali della Decima Mas che attaccarono Gibilterra.
Molte volte avevo chiesto ai miei genitori di portarmi lì.
Quando mi trovai davanti alla “Casina di Bocca di Serchio” ho percepito tutto il significato della sua carica evocativa ma pensavo anche a tutti quelli che li passano e vedono soltanto un vecchio edificio abbandonato, rammaricandomene.
La Casina era il luogo dove gli ufficiali e sottufficiali italiani del Xª M.A.S. si addestravano, un posto dove ne ho percepito tutta la sacralità nonostante lo stato di abbandono e i danni alla facciata e al tetto in parte crollato.
Questa sensazione è diventata più forte quando i nostri amici italiani, avvicinandoci alla casina, hanno intonato i canti di quei marinai; l’atmosfera era quella di un luogo di culto, come in una chiesa cristiana durante l’Eucaristia.
Sapevo perfettamente che stavo partecipando ad un evento intimo per i veterani, e l’atmosfera era tale che ho ascoltato quei canti in silenzio e immobile.
Tornando alle macchine, Salvatore, un altro dei veterani, mi ha detto che il berretto che mi avevano regalato il giorno prima mi stava benissimo, era perfetto per me come “il cacio sui maccheroni”; commento che ho trovato molto divertente e che ho percepito come un complimento.
Ma una cosa era chiara, provavo un grande affetto per loro, un gruppo davvero eccezionale.
Tra di loro c’era anche Gianfranco, dall’età avanzata, ma con una grande vitalità da sembrare un adolescente come me. Ciò mi ha reso felice e mi ha dato la consapevolezza che si può invecchiare bene e senza rimpianti avendo fatto tutto quello che si desidera e Gianfranco ne è l’esempio.
Il nostro addio è stato molto emozionante. Ricordo l’esatto momento dove le nostre strade hanno preso direzioni diverse per loro La Spezia per noi Pisa e poi Roma; dalla loro macchina saluti e suoni di clacson.
Forse non se ne sono accorti, ma io ho fissato la loro macchina senza distogliere lo sguardo fino a che non è sparita alla mia vista.
Ma del viaggio attraverso l’Italia restava ancora un ultimo capitolo.
A Viareggio abbiamo incontrato lo scrittore Gianni Bianchi con il quale mio padre si è intrattenuto mente io mia madre e mio fratello abbiamo approfittato per una passeggiata su un bellissimo lungomare che, tra l’altro, mi ha ricordato quelli tipici degli Stati Uniti.
Quando ci siamo rivisti, Gianni ci ha regalato dei cappelli con la scritta “ Gruppo Teseo Tesei” era lo stesso giorno in cui abbiamo eliminato la Francia dagli Europei
A chiudere la serata una magnifica cena alla Trattoria Buonamico, quella che a suo tempo era frequentata dagli Operatori dei Mezzi d’Assalto, godendo ancora una volta di un’atmosfera pregna di significato.
Con la visita a Roma e cene “da Luigi” e “Bernini” tipiche trattorie romane delle quali ricordo tutto quello che ho mangiato, si è conclusa la nostra vacanza in Italia. Anche a casa abbiamo festeggiato il rientro e brindato ai nostri amici italiani con l’augurio di rivederli presto qui da noi.
Questo sito utilizza Akismet per ridurre lo spam. Scopri come vengono elaborati i dati derivati dai commenti.
© 2024, ANAIM. Tutti i diritti riservati. Chi volesse utilizzare in tutto o in parte il testo e/o le foto di questo post, deve inserire il link al post originale!

grazie “ragazzo spagnolo” delle tue toccanti parole dalla grande sensibilità… come dice Mauro: “non tutto è perduto”!!! grazie
Molto bene Alfonso Junior. Grazie perchè nel tuo racconto hai saputo cogliere l’essenza dei sentimenti di amicizia e il valore di quei marinai italiani che hanno scritto una grande storia e tutto ciò nonostante la tua giovane età. Complimenti!!!
Non tutto è perduto, grazie Alfonso Junior